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"AMO TU LIBERTAD TANTO COMO LA MÍA"

  • Foto del escritor: recnoticiasciudad
    recnoticiasciudad
  • 18 abr 2020
  • 3 Min. de lectura


La libertad posee dimensiones y grados, de acuerdo a la naturaleza del ser que la posee. El ser humano se vuelve libre en la construcción de su propia personalidad, en las decisiones que toma. Libertad, igualdad y fraternidad son principios sociales, sobre lo que todo lo demás se fundamenta.

La relación con nuestros semejantes siempre ha sido un gran reto y desafío. Esto se debe a que somos seres libres y que podemos elegir con quién relacionarnos, cómo y de qué manera. Pero al mismo tiempo que “no somos esclavos de nadie” existe la necesidad de ser protegidos, de ser apoyados para crecer y de amar y ser amados.

Al mismo tiempo que somos libres somos seres sociales. Nos necesitamos para desarrollarnos, para ser cabalmente personas y poder explayar todas nuestras potencialidades. Además somos seres que tenemos el poder del amor.

Amar es una facultad que nace en el ser humano para poder ser cabalmente lo que puede ser. Su alma, su cuerpo, su mente dependen de ejercer el amor, tanto en el ser amado como en el amar.

Y así entramos en una de las dificultades básicas de toda relación: la de necesitar al otro y al mismo tiempo ser libre, la de amar y querer estar unido y la de crecer y querer ser libre para explorar el mundo y conquistar nuestro ser.

Necesitamos del otro para que reciba nuestros sentimientos y devuelva esa identificación, esa sensación de comprensión y de contención que define hasta un cierto punto cómo somos emocionalmente hablando. Es el área del orgullo, del amor propio y de la valía derivada del trato que otro nos brinda.

A todos nos da miedo no poder hacer lo que queremos o no ser queridos, protegidos y amados como lo deseamos también. Nos hace sentir vulnerables. El ser humano es fundamentalmente un ser de acción y de relación con el otro y si esas dos vías fluyen favorablemente “se es feliz”.

El sufrimiento tiene origen, por lo tanto, en el bloqueo de nuestras acciones, de lo queremos hacer con nuestra vida, de lo que queremos ser, de cómo queremos actuar y el que lo que hagamos nos realice, nos haga crecer, nos haga sentir satisfechos. Y por el otro lado en la imposibilidad de ser amados y protegidos, valorados por los demás, de que los demás nos ubiquen en su corazón, nos comprendan, nos sientan y nos permitan ejercer la misma capacidad también: amar.

Las dos grandes fuerzas que rigen nuestro interior son el amor y la libertad, y el problema es que a veces pueden entrar en pugna, ya que se trata de negociar con el deseo del otro. La mayor parte de las dificultades para relacionarnos son originadas por nuestro deseo de ser libres y al mismo tiempo de desear atarnos al deseo del otro para amar y ser amados.

Amar es plegarse a los deseos del otro, hasta cierto punto. Ser libre es decidir por cuenta propia lo que queremos hacer en orden a nuestro propio deseo. Nuestro mayor dilema es lograr ser libres y al mismo tiempo poder amar y ser amados, no aislarnos, sino convivir, ceder, renunciar, negociar, confrontar y no borrarnos, no anular lo que somos, no someternos hasta perder nuestro poder y extraviar nuestro camino de realización propio.

No olvidemos que lo que hacemos de nosotros mismos afecta al mundo, lo que somos repercute en los demás, lo que lanzamos a alguien toca o golpea, inspira u ofende, es un ejemplo y un testimonio de lo que es ser humano. Y más aún a aquellos a quienes amamos y nos aman.

By: Olivia.

 
 
 

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